20 mayo, 2012

El Principito: un cielo sin estrellas


No nos paramos a pensar mucho en la rosa cuando el principito la deja atrás…




Nos distraen todas las cosas que hace él a continuación, pero ¿y ella?

A menudo se la representa como esperando al principito de vuelta, pero sólo nosotros sabemos que alguna vez él deseará volver. Cuando ellos se despiden, se despiden para siempre.

Él puede irse, aunque eso sea abandonar su propio planeta, su principado, su corazón. Ella no. Ella es extranjera, mas sus raíces existen sólo en ese suelo; un mundo pequeño, limitado, rutinario, pero que es el que le da la vida, es en donde él tiene su hogar. Un mundo que no por diminuto está ese mundo exento de peligros: ella no puede deshollinar los volcanes, ni arrancar los brotes de baobab, ni protegerse del frío…
Por su propia naturaleza de rosa, por todo lo que es valiosa y maravillosa, no puede moverse de donde está: una virtud ridícula a ojos de cualquier adulto.

Pese a todo, ella no intenta detener al principito. Se queda sabiendo que él no volverá, porque su modo de irse carece de camino de vuelta; sabiendo que no vendrá ningún otro… ¡Qué increíble valor muestra entonces! Qué soledad más grande iluminar y perfumar un planeta vacío…

Existir enraizada en un corazón abandonado debe de ser como si el cielo se hubiera quedado sin estrellas.

La rosa es enigmática… A ojos del principito -cuando aún no la entiende- parece caprichosa, pero no sabemos nunca lo que se le pasa por la cabeza. Pese a su fragilidad, tiene tanta fuerza que es la causa última de cualquier movimiento del principito. Y cuando él se va, ella recoge en sí toda la culpa. Aunque no le corresponde, pues el principito no puede quererla bien porque en parte la tiene por un “algo”... ¡Con qué desdén habla de ella en el jardín de rosas de la Tierra!

Pinté esto pensando en esa soledad de la rosa.
Testigo activo del vacío inmenso de la ausencia de quien lo llenaba todo de sentido. Para siempre. Efímera, pero erguida, desnuda, con sus cuatro espinas ante la inmensidad abismal de un universo que es como un vacío pozo sin fondo. Y, en alguna parte, él, abandonándola en presente continuo.

No se habla bastante de la rosa, pero es que no hay palabras. Sólo, tal vez... mariposas.

Hasta la próxima.
Con Dios:
ღ Leticia

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