14 mayo, 2012

El Principito: el jardín ❁



[Nota: Destacado en el Fan Art Friday #2 en The Little Prince Official. ¡Muchas gracias!]


Llevo trabajando en esta pintura en mis trocitos de tiempo libre desde mediados de Enero. Ha sido la pintura en la que ha sido testigo de la vivencia de una herida muy profunda en el corazón.



 Pero sucedió que el principito, habiendo caminado mucho tiempo a través de arena, rocas y nieve, descubrió por fin una ruta. Y todas las rutas van hacia los hombres (…) Era un jardín florido de rosas (…) El principito las miró. Todas se parecían a su flor. (…)Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había contado que era la única de su especie en el universo. Y he aquí que había cinco mil, todas parecidas, ¡en un solo jardín! (…) "Me creía poseedor de una flor única, y sólo tengo una rosa ordinaria (…) no hacen de mí ciertamente un gran príncipe...". Y, tendido en la hierba, lloró.
- A. de Saint- Exupèry, El Principito, Capítulo XX.


Me entusiasma El Principito, y siempre he querido re-ilustrar la historia de acuerdo a los ecos que resuenan en mí con su lectura. Me vino el boceto de esta primera pieza con un estremecedor momento de la nueva serie:

(Perdidos en un laberinto de rosas)
Zorro: ¡Esas rosas tienen espinas!
Principito: Es su modo de poder defenderse.
(…)
Principito: ¡¿Qué quieres esta vez?!
Serpiente: ¿Yo? Quería sencillamente decirte que admiraras las magníficas rosas que tienes alrededor. ¿Sabes muchacho que, si lo deseases, todas podrían ser tuyas?
Rosas: (susurros)
Principito: Pero yo… Pero yo ya tengo mi rosa…
Serpiente: ¡Pero sólo es una! Es muy poco… ¿no? Aquí las hay a millares.
Principito: … ¡Son magníficas! ¡Miles de rosas!
(…)
Zorro: Sí… ¡Pero tu rosa es única! Ella te enseñó Principito, y tú también a ella.
- El Principito, episodio 8.



La serie me parece encantadora, aunque a veces parece que se les olvida el libro… Resulta flojita por cosas como la simplificación de la Serpiente en villano o que Zorro sea casi siempre un mero personaje cómico; pero tiene elementos muy agudos como la inclusión de las Ideas Negras (yo uso ese mismo nombre para referirme a los pensamientos que me empujan a la desesperanza). De lo que llevo visto, esta secuencia es con diferencia lo mejor. Paré el episodio y la volví a ver tres veces antes de seguir…

Por eso quise empezar por éste dibujo. Refiere al conflicto esencial del libro, que se explicita en los capítulos XX y XXI.



Cómo lo muestro:

En la escena, el principito admira el hermoso rosal cóncavo, lleno de rosas distintas. Su corazón está vacío, como la rosa que sostiene, porque está vacío de auténtico amor. No sólo ha hecho depender su grandeza (su condición de príncipe) de sus “posesiones”, sino que está ponderando la intercambiabilidad y disponibilidad de su rosa. Podría pensarse que no es un blanco de vacío sino de inocencia, pero ahí está la trampa: creer que la inocencia es una ausencia y no una presencia.

El rosal no está enraizado, carece de profundidad, sólo se apoya en el suelo. Es hermoso, pero las relaciones entre sus partes son más yuxtaposiciones que vínculos.
No se ven espinas porque, se mira a las rosas como objetos, definidas por el disfrute que pueden ofrecer. Preferirlas parece fácil, seguro, es aspirar al no sufrir, el no exponerse, el no ser vulnerable sino propietario o contratante de una transacción. Por eso su falta de raíces enlaza con las Ideas Negras (que confunden lo que es y lo que no es).
Las Ideas Negras alzan al principito. Pero es una elevación falsa, sin altura, porque al separarle del suelo impiden la tensión vertical de las cosas altas. En realidad es la ruptura de un vínculo (la de la realidad en la que es ), una suspensión, la ilusión de estado de excepción en que poder actuar sin consecuencia.
El pañuelo que cubre el pecho del principito, el espacio de su corazón, toma los colores y textura de las Ideas Negras.

El principito se inclina cóncavamente, cerrando, con el rosal, un espacio interior tendente a centrarse en sí, a reducirse. Con ello pierde de vista la Altura, la Apertura, la Exterioridad.

Da la espalda a las estrellas y la imagen de La Rosa, la que vive en las estrellas aunque no se la vea, que aparece como un sol, compuesta por una complejidad de totalidades (círculos) que conectan espacios y se integran con coherencia en una forma llena de sentido. Su presencia rompe la cerrazón del jardín, y conecta su interioridad con la exterioridad (que últimamente queda fuera de la escena, misteriosa entre las estrellas). Y hace todo esto sin centrarse.

El principito está vestido de Príncipe, mostrando la gravedad de lo que está pasando y la nobleza que le corresponde (que pertenece a las estrellas) y que puede perder en esta decisión.


La historia:

El Principito es una historia sobre lo que es esencial.

El principito, a fin de cuentas, no es un Príncipe. Es pequeño. En la primera mitad de su historia esta es una pequeñez de corazón. Sólo en la segunda mitad (cuando el Zorro domesticado le regala El Secreto) logra la pequeñez del niño. Él no empieza su viaje siendo calificado de “niño”: ha salido huyendo, y se pasa la mitad de su historia huyendo y el resto intentando volver. Pero cuando se huye no hay marcha atrás, la tarea de volver le va a reclamar la vida: va a tener que preferir volver a su rosa sobre su propia vida para así, tal vez, lograrlo.

¿Por qué preferir a una persona? Vincularse, hacer crecer lazos de exclusividad, ¿no es acaso empobrecerse?, ¿limitar la riqueza y versatilidad de la que uno es capaz?, ¿no es terriblemente inconveniente?, ¿no es implicar la mentira de que esa persona no es una más de tantas otras? Y el hacerlo a-condicionalmente, ¿no es arriesgarse mucho? Darse por ser esa persona quién es y no por lo que tiene, te vale o te garantiza, el increíble gesto de confianza que supone el hacerse vulnerable a otra persona… Requiere mucho, muchísimo valor.
La Serpiente de la serie podría muy bien haber añadido cosas como “eres joven para comprometerte o ser responsable, aún tiene mucho que ver y hacer antes de limitarte”, “tú rosa está lejos y ellas aquí, dónde las necesitas”, “¿por qué una pudiendo tenerlas todas estas? ¿No serías entonces un príncipe aún mejor, más grandioso y auténtico?”, o “¿acaso no son todas rosas? ¿Qué hace a la tuya mejor? ¿Piensas que éstas son más feas o menos fragantes que la tuya? Porque sabes que no es verdad…”

En su otra cara, cuando amas profundamente y con humildad, cuando eliges con toda intención necesitar a alguien, te preguntas ¿por qué esta persona me prefiere entre otros tantos? A fin de cuentas, yo no puedo ofrecer el mundo, sólo puedo ofrecerme a mí, y yo no soy sino otra persona más (y no la mejor). Más aún, cuanto más enteramente me ofrezco menos tengo porque, al darme, me pierdo.

Entonces… ¿por qué?

Ese es el dilema de la historia.


Hasta la próxima.
Con Dios,

ღ Leticia
 
 

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